John Galarza Naranjo

    Abogado, dos hijos, décimo segunda promoción.

    Yo hice la escuela en otra institución y vine al Intisana a cursar los años del colegio. Tengo muchísi-mos buenos recuerdos, también de algunas travesuras. Para la Familia Intisana de 1983, con la condición de dejar luego todo como al principio, nos dejaron construir una pista de motocross en la cancha de atletismo con la maquinaria de la Prefectura de Pichincha, pues el prefecto era papá de un compañero. Hicimos la pista y las competencias estuvieron chéveres, pero como luego -por otras razones- el Consejo Directivo nos dejó a casi todos sin graduación, el Prefecto se indignó y obviamente la maquinaria para reparar la pista atlética nunca llegó. El pobre Mauricio (Troya) tuvo que correr con los gastos de la reparación... Como decía, yo llegué al Intisana cuando se inicia la pubertad, una época difícil en la que la integración familia-Colegio es fundamental en la educación de los hijos. Para mí fue tremendamente beneficioso y, como sé que esa integración sigue siendo una característica muy propia del Intisana, para mis dos hijos he querido el mismo Colegio.


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