Sixto Barba

    Empresario, ocho hijos y otro más en camino, décima promoción

    Entre las mejores anécdotas del Colegio están las fugas de Sexto Curso. Como aquella vez en que con Alfonso Espín, ahora profesor del Intisana, nos llevamos a todos los sociales a una casa que su papá les arrendaba a los Hare Krishna. Éstos les dieron a todos (Alfonso y yo, que ya sabíamos, nos negamos) unos platos con unas pastas raras, diciendo que tenían unos semidioses adentro. La cara de intoxicación de los compañeros intentando tragarse esos incomibles semidioses no se me borra de la memoria. También recuerdo cuando Juan Hurtado y algunos otros se fugaron y escondieron en el consultorio dental del Intisana. Poco después un chiquito de primaria entró preguntando por el dentista y Juan decidió “atenderlo”, llenándole la boca del material para las calzas y otras porquerías. Hablando en serio, la formación humana del Intisana era valiosa y práctica. Ha sido fundamental desde entonces para mí, e intento transmitir a mis hijos los principios que aprendí en esos años, con la ayuda del mismo Colegio; o de Los Pinos, en el caso de las chicas.


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