Valora mucho lo recibido: Santiago Morán

    Hace varios años, tuve la oportunidad de estudiar en Estados Unidos durante un año, el cuarto curso. Recuerdo cómo en aquellos colegios públicos de Florida habían más de 3.800 personas (hombres y mujeres) entre 10mo grado y 6to curso. Clases en distintas aulas a lo largo de ese gigante colegio por su infraestructura, gente de todo tipo de recursos y países. Pude reconocer el nivel cultural, humano y espiritual de muchos.
    Recordaba por ese entonces, todos los días con gran orgullo y nostalgia, a mi querido Colegio Intisana. Aquellas clases pequeñas, lleno del cariño de mis compañeros, con un tutor a quién podía comentar los avances en lo espiritual, lo académico, lo familiar, lo deportivo. Confirmaba  (y aún lo hago) que mi Colegio Intisana era y es el paraíso de colegios del mundo.

    En lo personal, no me considero un Ex-Intisana, sigo siendo un Intisana de corazón, y puedo afirmar que este Colegio prepara realmente para el choque que el ser humano debe enfrentar en la vida. Prepara no sólo de manera excelente en lo académico y profesional, sino también y fundamentalmente en saber dirigir y ofrecer a Dios y a los seres humanos nuestro trabajo bien hecho, nuestro estudio santificado y que a los ojos de Dios, podría ser cada día más perfecto, si lo hacemos con amor. En el servicio a los demás, a la sociedad que tanto lo necesita y que requiere de luces que vengan de Dios a través de nuestro compromiso de hijos Suyos que quieren y aspiran volar alto; hasta la Cumbres!! Todo, si sabemos aprovechar los medios que el Colegio Intisana brinda.

    Mi experiencia en el Colegio ha sido formidable, tanta gente que me ha ido formando; y gracias a Dios que ha podido hacerme dócil para aprender de la experiencia de tantos profesores, directivos de este Colegio, en tan sólo tres años!! Ojalá Dios quiera que pueda mantenerme aquí para seguir formándome y aprendiendo de la gente que me rodea.

    Como un Intisana, quiero dar gracias a Dios por la gran oportunidad que ha puesto en mí, y por la responsabilidad que pone en nuestras manos para formar a la gente cara al futuro. Ya que es tan cierto que tenemos que dejar un planeta mejor para nuestros jóvenes, pero pensemos mejor en qué clase de jóvenes requiere Dios para mejorar nuestro planeta.