Juan Carlos Vásconez

    Ser sacerdote me parece una aventura impresionante

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    EL SÁBADO 9 de mayo se ordenó sacerdote Juan Carlos Vásconez, quiteño, ingeniero en sistemas. Desde Ecuador tuvimos la oportunidad de realizar una entrevista a Juan Carlos, quien desde Roma, tuvo un tiempo para conversar.


    Juan Carlos, cuéntanos un poco sobre ti.

    Nací en 1974, estudié en el colegio Intisana de Quito y posteriormente la ingeniería en sistemas en la universidad Católica. Somos tres hermanos y desde pequeños nuestros padres nos enseñaron el valor de la familia, con pequeñas cosas: tradiciones familiares, almuerzos, festejos, cumpleaños, la celebración del día de la madre, las comidas con mis primos y parientes, etc.

    Pedí la admisión en el Opus Dei, y desde ese momento he procurado vivir el espíritu de san Josemaría de buscar a Dios y a los demás en la vida ordinaria.

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    Sabemos que antes de tu ordenación sacerdotal has tenido inclinación por los negocios y el emprendimiento, ¿cómo lo has hecho compatible con una vida de entrega a Dios?
    Todos los trabajos honestos te llevan a Dios. Empecé con varios emprendimientos digitales y he trabajado directamente en la creación de empresas vinculadas al mundo de la Tecnología, donde he conocido a muchas personas de valía que me han dejado marca.
    Algunos años también me dediqué más de cerca a la educación y a la formación de universitarios en la residencia Universitaria Ilinizas. El trabajo profesional y el trato con tanta gente joven son un pozo de enseñanzas que te ayudan para toda la vida.


    ¿Pensaste ser sacerdote alguna vez?

    En realidad, de pequeño, siempre había pensado en formar una familia. Recuerdo que en la época del colegio, para poder fugarme de algunas clases, le decía a un amigo: “mira, sino hacemos esto ahora, qué le vamos a contar a nuestros hijos!", contra ese argumento era imposible resistirse. Luego he pensado que el Señor me ha llevado por caminos inexplicables, dándome mucho más de lo que podía imaginar.

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    Ahora le pido que me ayude a llevar ese sentido de paternidad a tantas personas deseosas de encontrar a un Dios cercano, a un Dios que los ama infinitamente, que espera y perdona, que sonríe, que llora, y que anima, que olvida tu pasado y te proyecta al futuro.


    En una entrevista en video dices que sientes miedo, ¿cómo es ese miedo?
    Es un miedo ante lo grande: ser ministro de Dios es una bondad y un don. Es un miedo que se traduce en paz al momento de ponerlo todo en las manos de Dios, al momento que entiendes que la misión del Reino de Dios en la tierra quiere servirse también del ejemplo de una persona, de tu sonrisa, de tu palabra adecuada, justa y cariñosa. Es una responsabilidad grande, que sabes que lograrás siempre y cuando no te despegues de las manos de Dios, porque es Él y solo Él quien actúa en las almas.


    ¿Cómo ves tu vida a futuro? ¿No sentirás nostalgia por tu vida profesional anterior?
    Veo mi vida a futuro como una aventura impresionante: mi empresa, por decirlo de algún modo, ahora son los demás. Veo mucha tarea y mucha labor. Querría ser un sacerdote que se deje guiar por Dios. Y por eso pido oraciones a todos los que me encuentro en mi camino.

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    A veces me da paz pensar que las aventuras divinas no pueden salir mal: Dios está de nuestro lado, lo que significa que ya hemos ganado, aunque haya dificultades.

    Más que nostalgia, siento un deseo enorme de contagiar el amor de Dios a los demás y poder transmitir con la palabra oportuna la realidad magnífica del Evangelio: de ese Dios que nos espera en lo cotidiano, en nuestro trabajo y en nuestra familia. Por eso siento que ahora, como sacerdote de Cristo, podré llegar a más personas, tanto entre mis amigos del mundo de la empresa, como entre los más necesitados, allí donde el Señor me lleve.


    Un mensaje final…

    Que recen por todos los sacerdotes del mundo –jóvenes y ancianos- para que sepamos ser personas de oración y de servicio, pastores –como dice el Papa Francisco- cercanas a los demás, derramadores de la misericordia de Dios.

     
    Fuente
    www.opusdei.org.ec

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