El arte de educar

    LA PRECEPTORÍA es un medio formidable con el que cuentan los padres de familia y los alumnos, encaminada a lograr una educación de calidad y en forma personalizada. No existe educación si no se logra que el individuo llegue a hacer un uso digno y responsable de la libertad, de su libertad. Tampoco hay calidad en esa educación si la misma no es integral, es decir, si no comprende los aspectos humanos, espirituales, culturales, sociales y académico-profesionales. Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos y cualquier colegio está llamado únicamente a colaborar en dicha tarea. Sin duda, es en el aspecto académico-profesional donde los padres delegan mayormente las responsabilidades en el centro educativo. En los otros ámbitos, los padres deben preocuparse de sostener y  perseguir los mismos principios y valores que pretenden para sus hijos. Esto es un deber de los padres y un derecho de los hijos.

    Ahora bien, toda educación auténtica va dirigida a la persona y de ella depende fundamentalmente. Es en este marco donde la figura del preceptor cobra toda su relevancia. Se ha dicho que el preceptor es “un nexo entre los padres, y el centro educativo”, y esto es cierto, aunque es mucho más que eso. Es la persona más directamente involucrada en la formación de cada alumno, en total acuerdo con sus padres y en la más estrecha colaboración con ellos. Además, la preceptoría es un medio estupendo para ayudar a los padres a cuestionarse acerca de su labor en el seno familiar y, en caso necesario, a rectificar ciertas actitudes y acciones.
    (o al menos procurar mejorar )

     

    La tarea del preceptor transcurre principalmente en tres ámbitos:

    a.- Las entrevistas personales con los alumnos preceptuados.

    b.- Las entrevistas con sus padres.

    c.- La permanente relación con los profesores del alumno, especialmente con su Dirigente.

    En estos tres niveles siempre debe reinar un alto grado de confianza y, a la vez, una enorme sinceridad, unidos a la exigencia y al cariño. Sin estas premisas, la labor del preceptor se vuelve sumamente pobre e incluso ineficaz. No se trata de dar una imagen impecable del preceptuado, sino de lograr que él sea mejor como persona y esto significa ayudarle a potenciar sus virtudes y a superar sus defectos.

    Nunca se insistirá bastante acerca de la gran importancia de que los padres tomen conciencia, valoren y colaboren con este medio de formación, incluso no esperando a que el preceptor tome la iniciativa de citarlos para una entrevista, sino pidiendo ellos mismos esta ayuda.

    Asimismo, el Colegio pone a disposición de los alumnos ciertas actividades complementarias de la preceptoría (convivencias, cursos de retiro, campamentos, paseos, intercambios estudiantiles) que contribuyen a una adecuada formación. Para los padres existen también específicos medios de formación: cursos de orientación familiar a distintos niveles; charlas a cargo de directivos del colegio o de invitados especiales; retiros y convivencias. Son actividades que suponen no pocos esfuerzos para ser organizadas, pero que demuestran tener suma importancia, especialmente, en lo que se refiere a la formación humana y espiritual.

    Es evidente que no se puede educar sin contar con el esfuerzo de los distintos agentes que intervienen en el proceso. La educación de la voluntad, a la cual apunta específicamente la preceptoría, lleva a hacer en cada momento lo que se debe y a estar en lo que se hace. Por ello tanto padres como educadores debemos exigir con cariño y esto requiere aprender a querer bien a quienes deseamos ayudar, como así también una gran dosis de paciencia, no olvidando nunca que los hijos, los alumnos, al igual que nosotros necesitan tiempo para ser mejores.