Los amigos

     

    son la familia que se escoge

    Él iba en silla de ruedas desde que su primo, en un accidente, le disparó en las piernas con la escopeta de caza que su padre tenía en la casa. Se llama Víctor. Tenía 12 años y era nuestro compañero de clase. El hecho de que fuera en silla de ruedas era el motivo de discusión entre el resto de compañeros del curso.

    Todos discutíamos por llevarle por el colegio: bajar a las canchas de deporte; llevarle al comedor y bajar todas las escaleras, …Él era una “carga” que no nos permitía ir a jugar a fútbol, pero todos éramos sus amigos y preferíamos estar con él. Y es que la amistad, el compañerismo, es uno de los mayores dones que podemos cultivar como personas. La amistad nos distingue del comportamiento de los animales, en tantas ocasiones egoísta.

    La amistad nos lleva a preocuparnos sinceramente de los demás y a buscar su bien, a no desearle ningún mal -ni voluntaria, ni involuntariamente-, y todo eso se debe traducir en detalles concretos: llegar puntual a clase, fomentar un buen ambiente de trabajo, mantener el silencio suficiente para que los demás puedan atender en clase, llamarle cuando está enfermo, llamarles a todos por el nombre, aceptarles con sus defectos –de la misma manera que ellos nos aceptan con los nuestros-, procurar que no se rompa su amistad con Dios por nuestro mal ejemplo, a advertir al amigo que va por mal camino para que se enmiende, …

    Ser amigo supone poder confiar en el otro, saber que nunca hablará mal de nosotros a nuestra espalda, porque nunca habla mal de nadie. Ser amigo es no esperar a que el amigo nos pida las cosas, sino ofrecerle nuestra ayuda antes de que él nos la pida.