Un Sínodo para que los matrimonios no fracasen

    Un Sínodo para que los matrimonios no fracasen
    Fuente:
    www.aceprensa.com
    Imagen:
    Intisana

    La polémica sobre los divorciados vueltos a casar ha desviado la atención de los retos más importantes que tiene por delante el Sínodo sobre la familia: cómo enseñar a vivir el matrimonio a quienes desean casarse y a quienes ya están casados. Así lo recuerdan 48 destacados intelectuales en una carta abierta dirigida al Papa y a los participantes en el Sínodo, cuya primera fase tendrá lugar entre el 5 y el 19 de octubre.

    Entre los que han firmado la carta, titulada “Commitment to Marriage”, se encuentran la jurista de Harvard Mary Ann Glendon; el político italiano Marcello Pera; intelectuales norteamericanos de la talla de Robert P. George, Mary Ebertstadt, Ryan T. Anderson o Jennifer Roback Morse; los catedráticos españoles Rafael Navarro-Valls, Javier Martínez-Torrón y Rafael Palomino; el pastor evangélico Rick Warren… La carta ha sido enviada a los participantes en el Sínodo y se encuentra en la web www.marriagecommitment.com.

    La carta recomienda que las parroquias creen grupos de apoyo a los casados, en los que matrimonios con experiencia enseñen a otros

    Para qué casarse y cómo permanecer casados

    Los firmantes de la carta son conscientes de que el modo más eficaz de abordar el problema de los católicos divorciados, avivado en los medios a raíz de la llamada “propuesta Kasper” (cfr. Aceprensa, 30-09-2014), es ver cómo preparar a los fieles para que no fracasen en su matrimonio y cómo dar a conocer mejor las enseñanzas de la Iglesia sobre la vida familiar.

    Es aquí donde este grupo de intelectuales ve que el Sínodo puede hacer una gran contribución: “Este Sínodo es una oportunidad para expresar verdades inmutables sobre el matrimonio. ¿Por qué importan estas verdades? ¿Cómo expresan el amor verdadero, no la ‘exclusión’ ni el ‘prejuicio’ ni cualquiera de los otros cargos que hoy se utilizan contra el matrimonio?”.

    “Los hombres y las mujeres necesitan desesperadamente oír la verdad, en primer lugar, de por qué deberían casarse. Y, una vez casados, necesitan saber por qué Cristo y la Iglesia desean que permanezcan fieles el uno a la otra durante toda su vida en la tierra. Y necesitan saber que cuando el matrimonio cuesta, como le pasa a la mayoría de parejas, la Iglesia va a ser una fuente de apoyo, no solo para los individuos que se han casado sino para el matrimonio mismo”.
    Las amenazas al matrimonio

    No cabe duda de que el matrimonio sigue siendo el ideal para mucha gente, que desea crear una familia sobre una relación amorosa, duradera y estable. Pero, tal y como muestran las estadísticas citadas en la carta, hoy ese deseo está amenazado por fenómenos como la cohabitación, el divorcio y los nacimientos fuera del matrimonio, que no han parado de crecer durante las últimas cuatro décadas en las Americas, Europa y Oceanía.

    En un intento de cuantificar algunos efectos del divorcio y de la cohabitación en los niños y en los adultos, la carta muestra cómo esas tendencias van asociadas a niveles más altos de pobreza, a un menor rendimiento escolar, a una peor salud física o a un nivel más bajo de compromiso matrimonial en los jóvenes. Y cita como ejemplos estudios realizados en distintos países. A estas tendencias que conspiran contra el matrimonio añade los costes sociales de la pornografía y las leyes de divorcio exprés, que permiten la ruptura sin alegar causa alguna.
    Redes de apoyo para los casados

    La carta es rica en propuestas. Y dado que el Sínodo estará centrado en mejorar la respuesta de la Iglesia a problemas familiares que antes eran menos frecuentes, las medidas que proponen son fundamentalmente pastorales. Entre otras, cabe destacar las siguientes:

        Que el Consejo Pontificio para la Familia lleve a cabo investigaciones multidisciplinares sobre las consecuencias de la pornografía y de las leyes de divorcio sin causa en la crisis del matrimonio.
        
        Que los seminaristas y sacerdotes reciban una adecuada preparación sobre cuestiones matrimoniales. A los sacerdotes les piden, además, que dediquen más tiempo a hablar sobre el matrimonio en sus homilías y que sean conscientes de que para la mayoría de los fieles esa es su principal fuente de formación.
        
        Que las parroquias creen grupos de apoyo a los casados, en los que matrimonios con experiencia enseñen a otros fieles recursos y habilidades para la vida matrimonial. Dentro de este empeño por transmitir la responsabilidad hacia la suerte de los demás, la carta plantea cómo se puede ayudar a reconciliar a los esposos que ya están separados o divorciados.
        
        Que se forme a los fieles en la mentalidad de que las leyes sobre el matrimonio, y la consiguiente oposición a las que intentan cambiar su definición legal, repercuten en el bienestar de las siguientes generaciones.
        
        Que se apoye la libertad religiosa en los tribunales de familia, como una forma concreta de ayudar a quienes buscan salvar su matrimonio o, en caso de ruptura, garantizar la educación religiosa de sus hijos.

    La carta recomienda de modo especial “crear pequeñas comunidades de parejas casadas que se apoyen entre sí, de forma incondicional, en su vocación a la vida matrimonial”. La idea es que la solidaridad a que invitan los lazos de la fe y de la familia se traduzca en un nuevo empeño por ayudar a los casados a vivir mejor su compromiso para toda la vida.

     


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