Confundimos solidaridad con ayuda a la pobreza extrema (2º parte)

    Confundimos solidaridad con ayuda a la pobreza extrema (2º parte)
    Especialmente con la familia
    La solidaridad empieza en casa, sintiendo y demostrando respeto por los hijos y viceversa. Se enseña solidaridad cuando la familia se reparte tareas, se realizan reuniones y se asumen compromisos, pero también cuando los padres se hablan entre sí con respeto, cuando el hermano mayor consuela al pequeño o cuando el pequeño ayuda al mayor a poner la mesa.

    ¿Un niño solidario asegura un adulto solidario?
    En la vida no hay nada seguro y mucho menos cuando hacemos proyecciones con los niños. Y esto es lo fantástico de la naturaleza humana: que todos podemos ser lo que queramos ser, dependiendo de nuestras circunstancias, talentos y motivaciones. Un niño que crece bajo la sombra de los valores solidarios es más proclive a comportarse de esta manera cuando es adolescente. Sin embargo, he conocido adolescentes difíciles que ordenaron sus vidas en tan solo algunos meses de voluntariado. No hay mejor tratamiento terapéutico que sentirse útil y valorado por los demás.

    ¿Cree que (en general) en el mundo hay solidaridad?
    Sí, pero es insuficiente. Una cosa es la caridad y los sentimientos solidarios pero hablar de solidaridad, en letras mayúsculas, solidaridad proactiva, comprometida, estratégica y coherente, esto ya es otro cantar.


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