Día del Civismo

    A los Intisanas en el Aniversario de la
    Batalla de Tarqui, Jura a la Bandera,
    día del Civismo


    Cada año, un aniversario más de la Batalla de Tarqui, nos congrega para prestar un juramento de fidelidad a la Patria y a todo lo que ella representa.

    Innumerables ocasiones la historia nos demuestra que el heroísmo de unos pocos rescata y salva grandes causas, en la Batalla de Tarqui, los hijos de la Patria supieron mostrar que cualquier sacrificio es pequeño cuando la integridad de la Nación lo demanda.

    En esta fecha que celebramos también el día del civismo, nada más oportuno entender qué es civismo y qué es anti civismo; sí por civismo entendemos el respeto a las normas de convivencia, debemos entonces saber, que la cuestión de fondo es el bien y el mal, y por tanto el civismo debe ir de la mano de la fuente de toda virtud que es Dios y sin El Cual ninguna forma de bien puede ser profunda y duradera.

    Para que el bien común prime, para que un pueblo viva en espíritu de Nación, para que los intereses del Ecuador estén por arriba de mezquindades sectoriales, para que nuestra Patria brille de forma diamantina como el sol ecuatorial o como las cumbres inmaculadas de las nieves eternas, tan bien representadas en el escudo de nuestro colegio, para alcanzar todo esto, no sólo bastarán soluciones económicas o sociales.

    Lograremos restaurar a nuestro País en el pedestal que le corresponde, cuando en el seno del hogar, cuando en el corazón de la Nación, llamado familia, exista una llama viva, una antorcha de fuego que arda continuamente por aquello que es lo único capaz de mover las voluntades, enderezar las conciencias e impulsar las grandes transformaciones; esto es, la virtud, virtud humana encaminada a ser virtud sobrenatural, es decir dar con generosidad lo mejor de nuestra vida, a Quien dio Su Propia vida para que seamos santos como El Padre Celestial lo es.

    Y para alcanzar este estado no pensemos que sean necesarias grandes situaciones que nos brinden la oportunidad de transformar nuestra vida o la de la sociedad. Día a día, en la vida cuotidiana, en las obligaciones comunes de nuestro estado, en el trabajo ordinario, en la intimidad de nuestros pensamientos, en las alegrías y sufrimientos que la existencia diariamente nos depara, en todo esto el centro y eje de nuestros amores, deben ser Dios y la Virgen María, esta actitud será el verdadero motor que opere los cambios capaces de llevar a un país, a una sociedad, a una civilización, a la máxima expresión de sí misma.

    Lcdo. Jaime A. Dousdebés V.