Día mundial de prevención contra el SIDA

    La comunidad internacional y también nuestro país han destacado un día del año como jornada para impedir la divulgación del SIDA y buscar medidas para atender mejor a los enfermos.

    En días pasados la prensa mundial y local, abundaron en noticias sobre este tema. Fundamentalmente resaltaron las cifras de afectados, los métodos de prevención y se lamentaron sobre la imposibilidad de su cura.

    Apuntaron a sensibilizar a la sociedad entorno a los enfermos de este mal, hicieron todo tipo de apelos a que se viva con normalidad junto a los pacientes de la mortal e irreversible enfermedad y pidieron a que se los integre a todas las actividades sociales sin retaliaciones.

    El número de infectados de este contagioso virus es alarmante cuarenta y dos millones en el mundo, cinco millones de contagiados durante el año 2002, tres millones cien mil murieron en igual período por causa de la afección. En América Latina cinco de cada mil personas padecen SIDA, según informe de las Naciones Unidas (ONUSIDA) presentado el I-XII-04 en Madrid.

    Más de la mitad de los nuevos infectados tienen entre 15 y 24 años según informe de UNICEF.

    Consideremos que estos números son apenas de dos décadas desde que sufrimos la epidemia. Es decir 1.958.333 infectados de promedio por mes.

    Esta incurable afección se proyecta como una sombra tenebrosa de muerte cuyas víctimas aumentan en proporciones geométricas, y las voces de los organismos de salud se enfocan a tranquilizar a la opinión pública y a solicitar una convivencia normal con los dolientes.

    Lo curioso es que, la mayoría de voceros que se pronunciaron en esta ocasión presentaron con lujo de detalles todas las formas de evitar contagios del SIDA, pero sin abandonar prácticas sexuales desordenadas que, por lo general, llevan a el, con excepción claro está, de aquellos contagiados por causas involuntarias, como transfusiones, malas prácticas hospitalarias, accidentes u otros.

    Hubiese sido oportuno que el mismo despliegue noticioso que se desenvolvió para informar estadísticas, formas de contagio, prevención, etc. se de también para comentar que en una sociedad de moral elevada, costumbres rectas y más aún respetuosa de la ley natural y de la ley de Dios, ese tipo de males se minimizan.

    Hubiese sido bueno que abran un espacio para que los padres encuentren en el argumentos pedagógicos y morales para instruir a los hijos, los maestros a los alumnos. Lo que observamos en los medios más bien fueron recomendaciones de cómo evitar contagio por medio de la utilización de preservativos o asistiendo a ‘clubes de sexo seguro’.

    Encontramos valiosas excepciones en el diario capitalino Hoy que reproduce parte de una homilía del Arzobispo de Quito, Monseñor Raúl Vela y que por lo luminosa de la misma reproducimos literalmente.

    Los jóvenes no tienen la culpa; somos los adultos los que no hemos entendido que la sexualidad es una forma de comunicar el amor y compartir la vida. Ahora, la tarea es de todos: el sexo debe ser amor y respeto al otro. Esto no se arregla con la “condonación”´ (dar condones), sino con educación. (Quito, jueves 2 de diciembre de 2004 Hoy)

    La verdadera forma de solidaridad con los mortales afectados es la de brindar a las personas modelos de vida que las atraigan a vivir rectamente y no inducirlos a vivir al borde del peligro de contagio con métodos de prevención que atentan contra la familia.

    JAIME A. DOUSDEBÉS V.