Un intruso inoportuno

    Un intruso inoportuno
     Fuente: www.lafamilia.info
     
    En los últimos tiempos ha surgido un intruso que está metido en todas partes interrumpiendo reuniones y conversaciones, trabajo y descanso, y en todas partes hace presencia inoportuna: es el teléfono celular, ciertamente un gran avance técnico para ayuda en el trabajo y las relaciones familiares y sociales, pero que requiera un manejo acorde con la urbanidad y la prudencia.

    Hay ciertos momentos en los cuales hay que dejar apagado ese aparato para no interrumpir y distraer, como es el caso de las celebraciones litúrgicas donde con frecuencia se oyen timbres y salen apresuradas las personas al atrio para conversar.

    En algunas parroquias, donde los feligreses no hacían caso a los letreros a la entrada del templo que pedían se apagaran los celulares, han acudido a bloqueadores de llamadas durante las celebraciones.

    Un nuevo campo de la sobriedad está en el abuso del teléfono. Al preguntarle alguien a Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, si tenía celular, respondió: “¡Me volvería loco! Los que lo tenéis, utilizadlo pero que sea por un motivo concreto, usadlo pero sobriamente.” En todos los casos, el teléfono se hizo para acortar distancias y no para alargar conversaciones. Por eso G. K. Chesterton en una ocasión se quejaba de que “esa mañana el teléfono parecía estar poseído por el demonio de al trivialidad.”

    Qué tal que viviera Mark Twain en estos tiempos, si en 1890 escribió con su acostumbrado humor: “Con ocasión de la Navidad de todo corazón y abarcando el orbe, hago votos sinceros para que todos nosotros –los de arriba, los de abajo, los ricos, los pobres, los admirados, los despreciados, los amados, los odiados, los civilizados, los salvajes – nos encontremos un día reunidos en el cielo de eterno descanso, paz y ... todos menos el inventor del teléfono.” Pero de todas maneras tiene razón un hombre de negocios que decía que su mejor empleado era el teléfono…

     Jaime Greiffenstein Ospina
    Del libro "Anécdotas y Analogías".


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